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La primera persona en ascender al Kilimanjaro

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En 1885, los territorios de la actual Tanzania, Burundi, Ruanda y parte de Mozambique pasaron a ser , lo que convirtió al Kilimanjaro en la montaña más alta del Imperio alemán. Apenas 4 años después, en 1889, el geógrafo alemán Hans Meyer y el alpinista austríaco Ludwig Purtscheller fueron los primeros europeos en alcanzar la cima de esta célebre montaña africana.

Ha pasado más de 1 siglo desde las primeras expediciones a la cumbre del Kilimanjaro. Hoy, los campos glaciares se han reducido de manera considerable y ascender al Kilimanjaro ya no parece tan difícil. Pero en aquel entonces el terreno era distinto, y conquistar el punto más alto de África implicaba un riesgo mucho mayor.

En este nuevo artículo, conocé quiénes fueron Meyer y Purtscheller, cómo fue la “conquista” del Kilimanjaro y algunos datos fascinantes sobre este hecho histórico.

¿Cuándo se ascendió el Kilimanjaro por primera vez?

El 6 de octubre de 1889, Hans Meyer y Ludwig Purtscheller finalmente alcanzaron la imponente cumbre del Kilimanjaro. La ascensión se extendió del 27 de septiembre al 9 de octubre. Meyer, viajero tenaz y valiente, organizó su tercera expedición junto con el experimentado montañista austríaco y profesor de gimnasia Ludwig Purtscheller. Reunió una gran caravana de porteadores y guías locales, atravesó territorio británico hasta el pie del macizo del Kilimanjaro y allí encontró apoyo de los jefes de la tribu . Ya se había reunido con los Chagga en 1887, un encuentro que describió en su libro “A través de los glaciares de África Oriental: relato de la primera ascensión al Kilimanjaro”.

Para el momento de su tercera expedición al Kilimanjaro, Meyer ya era un montañista experimentado. Aun así, el éxito de aquella ascensión se debió en gran medida a la planificación minuciosa de la expedición. Tras 2 intentos fallidos de ascenso al Kilimanjaro, entendió que el principal obstáculo para llegar a la cumbre sería la falta de agua y comida. Las provisiones se agotaban demasiado rápido. Descender hasta la base de la montaña para reabastecerse habría anulado todo el avance logrado.

Con este problema en mente, Meyer planificó la ruta con cuidado y de antemano. Además, recibió una ayuda importante de su amigo Kurt Johannes, conocido como capitán Johannes. Era el gobernador de Moshi, punto de partida de la expedición.

Meyer instaló campamentos en distintos puntos de la ruta:

  • Abbott Camp, a 3.894 m s. n. m.
  • Kibo Camp, a 4.263 m s. n. m.
  • Un pequeño campamento en una cueva de lava, justo por debajo de la línea glaciar, a 4.578 m s. n. m.

Gracias a estos campamentos, pudo hacer varios intentos de alcanzar el punto más alto del Kibo sin tener que regresar cada vez al punto de partida. Al mismo tiempo, los porteadores llevaban provisiones cada pocos días a los campamentos ubicados en la zona de desierto alpino.

Después de descansar en el último campamento, Meyer y Purtscheller retomaron la ascensión. Partieron a las 4 de la mañana y hacia el mediodía se acercaron a una pared de hielo con una grieta de 30 metros de profundidad. Más tarde, Meyer la llamó “Johannes Notch” en honor a su amigo, el capitán Johannes, gobernador de Moshi.

Tallando escalones en el hielo, Meyer y Purtscheller continuaron hacia un afloramiento rocoso. Caminaron por la caldera, el borde del cráter, durante otras 2 horas, hasta alcanzar la cumbre del Kibo. Después de pasar allí unos 40 minutos, los 2 montañistas descendieron.

Así, el 6 de octubre de 1889, Meyer y Purtscheller fueron los primeros en llegar al punto más alto de África, al que Meyer, con fervor patriótico, llamó “Kaiser Wilhelm Spitze”. Esto ocurrió 64 años antes de la primera ascensión al Everest. Meyer calculó casi con exactitud la altura del Kilimanjaro en 6.010 metros. Más tarde, en 1952, ese valor se corrigió levemente a 5.895 metros.

“Fui el primero en poner el pie en el pico culminante, al que llegamos a las 10 y media. Saqué una pequeña bandera alemana, que había traído con ese propósito en mi mochila, y la planté sobre la castigada cumbre de lava con 3 vítores sonoros. En virtud de mi derecho como su primer descubridor, bauticé este pico hasta entonces desconocido y sin nombre, el punto más elevado de África y del Imperio alemán, como Pico Kaiser Wilhelm. Luego dimos 3 vítores más por el emperador y nos estrechamos la mano en mutua felicitación.”, Hans Meyer, “A través de los glaciares de África Oriental: relato de la primera ascensión al Kilimanjaro”, 1891.

Ludwig Purtscheller también dejó su huella en la historia de la conquista del Kilimanjaro. Tras ascender el pico Mawenzi, en particular su segundo punto más alto, lo nombró en su propio honor. Parece que el montañista simplemente se equivocó al pensar que era la cumbre más alta del volcán Mawenzi. Sin embargo, la altura que conquistó era de solo 5.120 metros, mientras que la cumbre más alta del Mawenzi alcanza los 5.148 metros y hoy lleva el nombre del líder de la primera expedición exitosa, Hans Meyer.

Toda la expedición le costó a Meyer alrededor de 30.000 marcos. Fue su tercer intento de ascender al Kilimanjaro.

«“El dinero sin duda no tuvo un papel decisivo en la vida de los Meyer”, dice Heinz Peter Brogiato, director del Instituto Leibniz de Geografía Regional de Leipzig.»

Es importante señalar que en 1961 Gran Bretaña concedió la independencia a Tanganica, la parte continental de la actual Tanzania. Ya al año siguiente, en 1962, el Pico Kaiser Wilhelm fue rebautizado como “Uhuru Peak”, que en swahili significa “Pico de la Libertad”.

Intentos anteriores de alcanzar la cumbre del Kilimanjaro

La historia documentada de los ascensos al Kilimanjaro comenzó en el siglo XIX. En esta sección repasamos los primeros intentos.

y , 2 misioneros y viajeros alemanes, fueron los primeros europeos en empezar a escribir sobre el Kilimanjaro en la década de 1840. Rebmann incluso intentó ascender el Kilimanjaro, pero solo pudo llegar hasta la línea de nieve. Fue el primer europeo en descubrir el Kilimanjaro. Durante mucho tiempo, no logró convencer a la comunidad geográfica occidental de que había nieve en la cumbre del Kilimanjaro. Creer en su presencia en la cálida África ecuatorial resultaba difícil incluso para investigadores respetados y de autoridad.

Sin embargo, desde la Antigüedad, autores no africanos como Ptolomeo, Esquilo y Heródoto habían mencionado montañas que probablemente incluían el Kilimanjaro, asociándolas con las fuentes del Nilo y con descripciones de nieve. Martín Fernández de Enciso, en su “Summa de Geografía” (1519), señaló que al oeste de Mombasa se encontraba el “altísimo” Monte Olimpo etíope y, más allá, las Montañas de la Luna, donde nace el Nilo.

Johann Ludwig Krapf. Fuente de la imagen: wikipedia.org
Johann Ludwig Krapf. Fuente de la imagen: wikipedia.org
Johannes Rebmann. Fuente de la imagen: johannes-rebmann-stiftung.de.
Johannes Rebmann. Fuente de la imagen: johannes-rebmann-stiftung.de.

Primeras expediciones importantes al Kilimanjaro

El conde Samuel Teleki, del Imperio austrohúngaro, hizo el primer intento serio de ascender el Kibo, la cumbre más alta del Kilimanjaro, en 1887. Junto con el teniente austríaco Ludwig von Höhnel, y al frente de una expedición de más de 300 porteadores, llegaron al Monte Meru, 40 km al sudoeste del Kilimanjaro, por el río Pangani, y luego intentaron subir al Kilimanjaro.

Pero Teleki también llegó solo hasta la línea de nieve. Tuvo que volver atrás por “problemas en los tímpanos”. A pesar de eso, logró explorar buena parte del Valle del Rift de África Oriental, y su nombre quedó inscripto para siempre en la historia de la conquista del Kilimanjaro.

Más tarde, el naturalista estadounidense Dr. Abbott, que había llegado sobre todo para estudiar la fauna y la flora locales, hizo un intento bastante desesperado de ascender la principal cumbre de África. Pero al comienzo de su expedición al Kilimanjaro se sintió muy mal, quizá por mal agudo de montaña, y el viaje terminó. Sin embargo, su compañero, Otto Ehlers, de la Compañía Alemana de África Oriental, continuó avanzando. Hasta dónde llegó sigue siendo una incógnita. Más tarde, Ehlers afirmó haber alcanzado los 5.904 metros. Como sabemos hoy, esa altura supera en realidad por 8 metros el punto más alto de la montaña. Varias discrepancias pusieron en duda la veracidad de sus afirmaciones, por lo que su declaración no fue tomada en serio.

En su informe de 1891, “A través de los glaciares de África Oriental: relato de la primera ascensión al Kilimanjaro”, Hans Meyer refutó las afirmaciones contradictorias y falsas de Ehlers. Meyer sostuvo que Ehlers no pudo haber alcanzado el punto más alto del Kilimanjaro. A raíz de la publicación de Meyer, Ehlers se vio obligado a admitir el engaño y, con ello, a renunciar a sus pretensiones de haber logrado la primera ascensión.

A pesar de los intentos fallidos de conquistar el Kilimanjaro, tanto Teleki como Abbott tuvieron un papel importante en el éxito de la futura conquista del “techo de África”. Teleki, por ejemplo, le dio a Meyer información útil sobre la ascensión: se encontraron por casualidad durante el primer viaje de Meyer a la región, en 1887. Abbott ayudó con el alojamiento en Moshi durante la exitosa expedición al Kilimanjaro de 1889.

Meyer intentó ascender el Kilimanjaro en varias ocasiones, con resultados fallidos y también exitosos. Después de la primera vez, en 1887, cuando alcanzó una altura de 5.400 metros, el decidido viajero alemán regresó al año siguiente para otro intento de llegar a lo que hoy se conoce como Uhuru Peak, objetivo de todas las expediciones al Kilimanjaro. Esta vez lo acompañaba un experimentado viajero africano de Austria, el Dr. Oscar Baumann.

Lamentablemente, eligieron un mal momento para su ambicioso proyecto. acababa de comenzar: un levantamiento árabe contra comerciantes alemanes en la costa de África Oriental. Meyer y Baumann fueron capturados, encadenados y tomados como rehenes por el jeque Abushiri, líder de los insurgentes. Finalmente, ambos sobrevivieron, pero solo después del pago de un rescate de 10.000 rupias.

Así, los 2 primeros intentos de Meyer de ascender el Kilimanjaro no fueron muy exitosos. La tercera expedición, en cambio, abrió nuevos horizontes para el viajero. Junto con Ludwig Purtscheller, se convirtió en la primera persona en ascender al Kilimanjaro.

¿Quién fue Hans Meyer?

El explorador y viajero alemán nació el 22 de marzo de 1858 en la pequeña ciudad de Hildburghausen. Ya de niño, Meyer mostraba una notable inventiva y sed de nuevos conocimientos. Le fascinaban especialmente la cartografía y la literatura geográfica. Hans era hijo de un acaudalado editor de Leipzig. Se matriculó en la Universidad de Leipzig, donde estudió geografía y ciencias naturales. Al mismo tiempo, empezó a soñar con viajar a tierras lejanas.

Meyer emprendió su primera gran expedición cuando todavía era estudiante. En 1879 viajó a Estados Unidos, y ese viaje se convirtió en su punto de partida hacia un mundo lleno de aventuras. Recorrió los Andes en Sudamérica y las montañas Rwenzori en África. Pero todas esas expediciones fueron apenas una preparación para su histórica ascensión al Kilimanjaro.

Después de conquistar el punto más alto de África, Meyer continuó estudiando los glaciares y el macizo volcánico del Kilimanjaro. Por ejemplo, en 1894, junto con el ilustrador alemán Ernst Platz, rodeó toda la montaña, estudió su glaciación y documentó el terreno local en dibujos. Incluso en esta última expedición al Kilimanjaro, Meyer hizo numerosos descubrimientos relacionados con las características de los volcanes africanos.

Ernst Platz, aunque no era considerado parte de la élite montañista de su época, logró varias primeras ascensiones notables, entre ellas la del monte Watzmann en Alemania y las Violet Towers de los Alpes, en 1895. En el Kilimanjaro, un cono interno del volcán Shira fue nombrado en su honor. Sin embargo, tras la toma británica después de la Primera Guerra Mundial, el nombre Platz Cone fue alterado por error a Place Cone.

Volviendo a Meyer y a sus aportes al desarrollo del montañismo, vale mencionar su ascensión en las Islas Canarias en 1894 y la exploración de un volcán en Ecuador en 1904. Estas 2 expediciones destacadas también trajeron muchos descubrimientos importantes. En 1899, Meyer se convirtió en profesor de la Universidad de Leipzig, donde en 1915 fue nombrado director del Instituto de Geografía Colonial.

Hans Meyer murió en Leipzig el 5 de julio de 1929, con más de 70 años. Durante una vida intensa y llena de acontecimientos, no solo realizó una verdadera hazaña al ser el primero en alcanzar la cumbre de una montaña africana considerada inexpugnable, sino que también hizo un gran aporte al estudio de tierras y pueblos entonces desconocidos.

¿Quién fue Ludwig Purtscheller?

Ludwig Purtscheller, compañero de Meyer en la expedición al Kilimanjaro, nació el 6 de octubre de 1849 en Innsbruck-Wilten, Tirol. Desde joven sintió una profunda pasión por las montañas y aprovechaba cada oportunidad para caminar por ellas. Ese fervor por el montañismo lo llevó a conquistar más de 1.600 cumbres en todo el mundo. En aquella época, alcanzar una cifra semejante de ascensiones exitosas era un logro extremadamente raro.

Purtscheller alcanzó la cumbre del Kilimanjaro el 6 de octubre de 1889, el día de su cumpleaños. Para un montañista, probablemente era el mejor regalo para una fecha así: Purtscheller celebró sus 40 años en el punto más alto de África.
«“Este es un regalo de cumpleaños maravilloso para mí; hoy cumplo 40 años”, dijo Purtscheller. El gigante africano había sido vencido, por más dura que nos hubiera impuesto la lucha, y así terminaban más de 40 años de asedio y ataque al Kilimanjaro.»

En su adolescencia, el joven Ludwig se unió al club turístico local y participó con entusiasmo en expediciones alpinas. Aquellas primeras ascensiones le dieron una base sólida para las aventuras que vendrían. Durante un tiempo, Purtscheller también trabajó como empleado en una compañía minera, donde adquirió valiosos conocimientos de mineralogía, que también le resultarían útiles en futuros viajes.

Conquistar cumbres no fue la única vocación de este hombre versátil. Dedicó la segunda parte de su vida profesional a la enseñanza. Después de aprobar el examen de profesor de gimnasia en Graz, primero se instaló en Klagenfurt y luego se mudó a Salzburgo en 1877. Allí trabajó como docente en una escuela pedagógica y en una escuela secundaria estatal hasta su muerte.

Los contemporáneos de Purtscheller recuerdan que este investigador talentoso y valiente tenía amplios conocimientos de geografía, geología, mineralogía, botánica, zoología, folclore e historia. Era elocuente, hablaba italiano y francés con fluidez, y era admirado tanto por sus colegas como por otros montañistas.

Purtscheller combinó con éxito su carrera docente con frecuentes expediciones a los Alpes. En especial, durante sus caminatas solía rechazar la ayuda de guías locales, abriéndose camino por la montaña por su cuenta y enfrentando con coraje el miedo y lo desconocido. Entre los montañistas era considerado un verdadero héroe, y a menudo se contaban historias sobre sus audaces hazañas y logros.

Ludwig Purtscheller murió poco después de cumplir 51 años. Ocurrió el 3 de marzo de 1900, tras un accidente en Aiguille du Dru, cerca del Mont Blanc, en Francia. Después de caer en una grieta helada, sufrió lesiones graves de las que nunca se recuperó.

Lauwo o Amani: ¿quién acompañó a los conquistadores europeos del Kilimanjaro?

Durante la expedición de 1889, 16 africanos de la tribu Chagga acompañaron a los europeos hacia la cumbre del Kilimanjaro. Permanecieron con el grupo mientras se sintieron en condiciones, pero a medida que aumentaba la altitud sufrieron mal de altura y frío. En cierto punto se detuvieron. Solo 1 persona continuó más lejos con Meyer y Purtscheller, aunque todavía se debate quién fue.

Muchas fuentes, en especial africanas, atribuyen ese título de orgullo a un hombre llamado Yohani Kinyala Lauwo, también conocido como el “Viejo del Kilimanjaro”, inscripción que figura en una placa conmemorativa del Parque Nacional Kilimanjaro. Pero la participación de Lauwo plantea dudas.

El principal argumento contra Lauwo es la inconsistencia de las fechas. El tanzano nació alrededor de 1871 (otras fuentes sugieren 1872 o 1867) y murió el 10 de mayo de 1996. Si realmente hubiera sido guía de Meyer a los 18 años y hubiera muerto en 1996, Lauwo habría vivido 125 años, algo que suena muy improbable.

Lauwo fue, en efecto, guía y probablemente ascendió el Kilimanjaro varias veces acompañando expediciones. Sin embargo, su primera ascensión ciertamente no ocurrió en 1889 con Hans Meyer y Ludwig Purtscheller. Su carrera como guía probablemente comenzó en la década de 1940.

Además, el propio Lauwo no podía recordar detalles de aquel viaje durante su vida. Se sugiere que la confusión surgió alrededor del centenario de la conquista del Kilimanjaro, en 1989, cuando las autoridades locales estaban ansiosas por encontrar y homenajear a testigos de la legendaria expedición.

Después de que Lauwo fuera elegido por error como la celebridad local que, primero entre sus compatriotas, había ascendido la montaña más alta de África, esta leyenda fue sostenida activamente por sus familiares, los medios y el propio Lauwo. Además, en una ocasión afirmó que Johannes Notch había sido nombrada en su honor, aunque, como ya se mencionó, Meyer bautizó la famosa grieta en homenaje a su amigo, el gobernador de Moshi, el capitán Johannes.

En cuanto a la ascensión de Meyer, su guía principal fue Purtscheller, un montañista profesional con experiencia. Lo eligió deliberadamente como compañero y guía, y lo llevó desde Europa. Pero hubo otra persona: un porteador local que avanzó con los alemanes más que cualquier otro, aunque no alcanzó la cumbre. Esa persona fue Muini Amani, no Lauwo.

Muini o Mwuni Amani (circa 1869 – circa 1909) fue un porteador y cocinero de Pangani, una pequeña ciudad en la costa de la actual Tanzania. Cuando tenía unos 20 años, acompañó a los europeos en su ambicioso viaje al “techo de África”, según consta en los registros de Meyer. Su participación encaja de manera lógica en la cronología histórica. Las expediciones al Kilimanjaro llegaban en barco, y los exploradores alemanes llevaron a Amani con ellos desde la costa.

Pero, una vez más, Muini Amani no ascendió la cumbre del volcán Kibo. El hombre avanzó con Meyer y Purtscheller más que los otros acompañantes, pero finalmente se quedó a esperar a los europeos en una cueva que más tarde recibió el nombre de Hans Meyer. No tenía equipo profesional ni ropa adecuada.

En el libro de Anton Ziegler “Exploradores de las montañas, volumen 2” (Anton Ziegler: Ludwig Purtscheller. Eine Auswahl. Erschließer der Berge, Band 2), de 1926, se afirma que Hans Meyer y Ludwig Purtscheller eran viajeros independientes, y que Muini Amani, de Pangani, fue solo un porteador hasta los últimos puntos de vivac o campamentos. Por ejemplo, en el libro se cita a Purtscheller:

«En Muebache, todavía rodeados por un denso bosque de galería gris, instalamos el campamento central y enviamos allí a nuestros porteadores. 2 días después, el 2 de octubre (1889), Meyer y yo, acompañados por un nativo de Pangani llamado Muini Amani, montamos una carpa en la meseta de la silla.»

Más adelante, el nombre de Muini Amani vuelve a mencionarse. Queda claro que su tarea principal era llevar cosas al campamento, por lo que desde el comienzo no tenía intención de ascender a la cumbre con los exploradores:

«Al mediodía del 5 de octubre (1889), partimos nuevamente para establecer un vivac a mayor altitud. Muini Amani, que llevaba las bolsas de dormir y las mantas, nos acompañó. El sitio de vivac que elegimos estaba ubicado en el gran valle glaciar, al pie de una pared rocosa excavada y escarpada, a una altitud de 4.620 metros sobre el nivel del mar.»

Se pueden encontrar aún más pruebas de la participación de Amani en la legendaria expedición en el propio libro de Meyer, “A través de los glaciares de África Oriental: relato de la primera ascensión al Kilimanjaro”:

«Mwini ofrecía una figura muy cómica con su indefinido atuendo alpino. Sobre sus flacas piernas se había puesto un par de calzoncillos largos de lana andrajosos que, en unos 50 puntos distintos, dejaban ver partes de una camisa de lana descolorida. Los restos harapientos de una vieja chaqueta militar roja, que alguna vez había adornado los hombros de algún apuesto sargento escocés, hacían las veces de abrigo, mientras que sus pies estaban cubiertos, o más bien revelados, por un par de medias mías ya descartadas y unas viejas sandalias amarillas. De su rostro no se veía nada salvo la nariz, pues toda la cabeza y el cuello estaban envueltos en los voluminosos pliegues de un turbante gigantesco que, ceñido a la cintura, en ocasiones ordinarias era su única vestimenta.»

Los diarios de Meyer contienen numerosas referencias al tanzano que, a diferencia de Lauwo, sí participó en la primera ascensión al Kilimanjaro. Con semejante cantidad de pruebas, resulta aún más extraño que durante tantos años las autoridades locales y los medios hayan seguido sosteniendo la leyenda de Lauwo.

Epílogo

La primera ascensión exitosa al Kilimanjaro convirtió a Hans Meyer en una figura de reconocimiento mundial. Sus observaciones de glaciares, sus mapas y sus mediciones trigonométricas fueron durante mucho tiempo la base de numerosos estudios sobre montañas y volcanes. Como editor, también difundió activamente información sobre sus viajes y descubrimientos. Publicó informes extensos y detallados basados en sus diarios. Gracias a esos informes, hoy podemos conocer muchos detalles y datos sobre aquel lejano acontecimiento histórico.

En las décadas que siguieron a su éxito en el Kilimanjaro, pocos pudieron repetir la hazaña de Meyer. Por ejemplo, la segunda ascensión exitosa al Pico Kaiser Wilhelm ocurrió recién 20 años después, en 1909. En 1927, la montañista escocesa Sheila MacDonald se convirtió en la primera mujer en alcanzar la cumbre del Kilimanjaro. Recién hacia fines de la década de 1950 se establecieron rutas a la cumbre y campamentos a lo largo del camino.

Published on 25 July 2024 Revised on 26 May 2026
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About the author
Yurii Bogorodskiy

Yuri, investigador y escritor de tiempo completo en Altezza Travel, vive en Tanzania desde 2019. Recorrió muchos de sus destinos menos conocidos, incluidos los Parques Nacionales Kitulo y Rubondo, el Lago Victoria, Zanzíbar y numerosos sitios históricos, naturales y arqueológicos.

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