El Kilimanjaro es un macizo volcánico legendario coronado por el Pico Uhuru, el punto más alto de África, que se eleva hasta los 5.895 metros sobre el nivel del mar. Este artículo de Altezza Travel explora qué hace única a la cumbre del Kilimanjaro, las primeras ascensiones y el recorrido desde las selvas hasta los glaciares que desaparecen.
Geología de la cumbre del Kilimanjaro
El Kilimanjaro es un volcán dormido que, según la Geological Society of London, se habría formado hace alrededor de 1 millón de años. Está ubicado en el Rift de África Oriental, una grieta en la corteza terrestre. A través de esa fisura, el magma ascendió hasta la superficie y creó una cadena de volcanes, cuyo mayor exponente es el macizo del Kilimanjaro.
La montaña tiene una estructura compleja: en realidad, son 3 volcanes fusionados. El primero, Shira, es el más antiguo y el más bajo. Está extinto desde hace mucho tiempo y colapsó en parte, formando la Meseta de Shira en la ladera occidental. El segundo, Mawenzi, alcanza los 5.149 metros. Y el tercero, el volcán central Kibo, es el más joven y el más alto. El punto más elevado del Kilimanjaro, el Pico Uhuru, se encuentra en el borde del cráter del Kibo.
Se cree que la última gran erupción del Kibo ocurrió hace cientos de miles de años, pero los vulcanólogos todavía no lo clasifican como extinto. Cerca de la cumbre persisten señales de actividad volcánica: grietas que emiten gases calientes y depósitos de azufre dentro del cráter. En términos generales, la montaña está “dormida”, y las proyecciones indican que es poco probable que despierte en los próximos milenios.
Los 3 cráteres del Kilimanjaro no son su único rasgo singular. Ascender desde la base hasta la cumbre es, en esencia, viajar de los trópicos al Ártico, ya que la montaña atraviesa 5 zonas climáticas: tierras cultivadas, selva tropical, brezales y páramos, desierto alpino y zona ártica. Esta última resulta especialmente cautivadora.
Los glaciares de la cumbre del Kilimanjaro
Los glaciares y el casquete de nieve de la cumbre del Kilimanjaro son, desde hace tiempo, una imagen icónica. Ese hielo blanco y brillante bajo el cielo africano inspiró tanto a viajeros como a escritores; basta pensar en Las nieves del Kilimanjaro, de Ernest Hemingway.
Lamentablemente, esas famosas nieves se están derritiendo con rapidez. Según el glaciólogo y experto en clima Douglas Hardy, de la University of Massachusetts Amherst (EE. UU.), las áreas glaciares de la cumbre del Kilimanjaro se redujeron un 91 % desde que fueron cartografiadas por primera vez en 1912. A comienzos del siglo XX, la cumbre del Kibo estaba cubierta casi por completo de glaciares; hoy solo quedan restos dispersos. El Observatorio de la Tierra de la NASA señala que, en general, los científicos coinciden en que la pregunta ya no es si el hielo del Kilimanjaro va a desaparecer, sino cuándo. Algunas proyecciones sugieren que podría ocurrir para 2060.
Hoy quedan 2 grandes campos de hielo en la cumbre: el Campo de Hielo Norte y el Campo de Hielo Sur, ubicados a ambos lados del cráter del Kibo. Los glaciares se están agrietando; en 2012, investigadores registraron cómo el Campo de Hielo Norte se dividía en 2 partes aisladas.
Para quienes viajan hoy, esto significa que tal vez queden apenas unas décadas para ver las legendarias nieves del Kilimanjaro.
Primeras ascensiones al Kilimanjaro
La primera ascensión exitosa al punto más alto de África fue realizada el 5 de octubre de 1889 por el geógrafo alemán Hans Meyer y el montañista austríaco Ludwig Purtscheller. Alcanzaron el borde del cráter del Kibo y se convirtieron en los primeros escaladores documentados en llegar a la cumbre.
38 años después de la ascensión de Meyer, el Pico Uhuru fue alcanzado por primera vez por una mujer: la australiana Sheila MacDonald, de 22 años, el 31 de julio de 1927. Aunque era una montañista experimentada, no tenía previsto ascender al Kilimanjaro. Había llegado a África para hacer un safari y visitar a su primo, el capitán Archie Ritchie, entonces jefe de guardaparques de Kenia.
Sin embargo, a bordo del barco, Sheila conoció a William K. West, miembro del Alpine Club, del que su padre era vicepresidente. West le contó que viajaba a África para ascender al Kilimanjaro y la invitó a sumarse. Contamos la historia completa de este viaje asombroso en nuestro artículo “La primera mujer en el Kilimanjaro”.
En el siglo XX, el Kilimanjaro se convirtió en un símbolo de aventura. Su relativa accesibilidad y su fama como “el punto más alto de África” lo hicieron popular entre viajeros de todo el mundo, un estatus que conserva hasta hoy. Y, a diferencia de los tiempos de Meyer, la montaña ya no está reservada a unos pocos: casi cualquiera puede viajar a Tanzania y subir al Kilimanjaro.
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