La producción mundial de plástico alcanzó niveles asombrosos, y casi el 80 % de los residuos plásticos sigue sin gestionarse. Se acumula en los océanos y en el suelo, se fragmenta en partículas microscópicas y después termina dentro de animales, seres humanos e incluso plantas. En África, el problema se agrava por la importación de residuos desde Europa y Norteamérica, el aumento del consumo de plástico, el calentamiento global y una presión humana más amplia sobre el ambiente.
El equipo editorial de Altezza Travel conversó con el profesor Karl Fleischmann sobre todo esto. Explicó de qué manera los microplásticos pueden afectar la salud, por qué la producción de alimentos está cada vez más expuesta a riesgos y cómo la desaparición de los glaciares del Kilimanjaro impacta en ecosistemas más amplios.
Sobre el plástico
En 2019, la producción mundial de plástico llegó a unos 460 millones de toneladas. Los expertos creen que para 2060 el volumen de residuos plásticos podría casi triplicarse. ¿Qué cifras te parecen más reveladoras sobre la escala del problema?
Desde que comenzó la producción de plástico en 1950, se fabricaron aproximadamente 12.000 millones de toneladas, el equivalente a 2.087 Grandes Pirámides de Guiza. Solo alrededor del 9 % de ese plástico se recicló, y cerca del 12 % se incineró.
El 79 % restante, equivalente a 1.650 Grandes Pirámides de Guiza, permanece en océanos, rellenos sanitarios o tirado a cielo abierto.
Con el tiempo, se fragmenta en , que representan riesgos graves para la salud.
¿Qué causa un daño mayor: los basurales de plástico visibles o los microplásticos? ¿Podés señalar investigaciones confiables sobre esto?
Ambos son dañinos, pero de maneras distintas.
Las acumulaciones visibles de plástico generan problemas inmediatos. Obstruyen cursos de agua, contribuyen a las inundaciones, se convierten en focos de enfermedades y liberan aditivos tóxicos a medida que los plásticos se degradan.
Los microplásticos son más insidiosos porque se dispersan por el agua, el suelo y las cadenas tróficas, y se acumulan dentro de organismos vivos. También pueden transportar aditivos químicos hacia los tejidos de plantas, animales y seres humanos, incluidos el cerebro, la sangre, los pulmones e incluso la placenta (Environment International, 2022; Science of the Total Environment, 2021). Estudios de laboratorio y en animales vincularon esta exposición con mayor inflamación, estrés oxidativo, riesgo de cáncer y alteraciones endocrinas. Una preocupación es que algunos aditivos plásticos pueden comportarse como hormonas, por ejemplo el estrógeno, porque las células quizá no los distingan de las hormonas naturales.
También se hizo una comparación directa en células renales embrionarias: células sin tratamiento durante 72 horas frente a células expuestas a microplásticos y nanoplásticos durante 72 horas. En el grupo expuesto, los investigadores observaron un 75 % de muerte celular.
Además, los estudios ecológicos informan menor crecimiento, reproducción y supervivencia en organismos marinos. En las plantas, la actividad fotosintética puede caer hasta un 18 %, lo que amenaza la agricultura y la seguridad alimentaria (Nature Reviews Earth & Environment, 2021). Los impactos a largo plazo sobre la salud humana siguen siendo inciertos, pero las preocupaciones son lo bastante serias como para que la Organización Mundial de la Salud haya pedido investigaciones urgentes.
¿Qué países enfrentan los problemas más críticos por residuos plásticos? ¿Hay países africanos entre ellos?
La mayor parte de los residuos plásticos «sin control» proviene del sur y el sudeste de Asia, incluidos países como Filipinas, Indonesia, Vietnam, India y Pakistán. La alta densidad de población, combinada con sistemas de gestión de residuos débiles o inexistentes, impulsa el problema.
Países africanos como Tanzania, Nigeria, Egipto, Sudáfrica, Argelia y Marruecos también contribuyen, en gran medida porque una proporción significativa del plástico se gestiona de forma inadecuada debido a sistemas formales de recolección y reciclaje limitados. Aun así, África genera en total muchos menos residuos plásticos que Asia.
Durante años, África fue presentada a menudo como destino de exportaciones de residuos plásticos desde países más ricos. ¿Mejoró la situación?
En resumen, hubo cierto avance, pero África sigue bajo una presión importante por los residuos plásticos importados, en particular desde países más ricos.
Muchas naciones africanas endurecieron los controles mediante tratados internacionales (), prohibiciones nacionales y una creciente conciencia sobre lo que suele llamarse «colonialismo de residuos».
En África hay una conciencia cada vez mayor sobre lo que suele llamarse «colonialismo de residuos».
Algunas mejoras son visibles: marcos legales más sólidos, restricciones sobre ciertos plásticos y una presión pública en aumento.
Sin embargo, las importaciones continúan debido a vacíos legales, controles débiles e infraestructura de reciclaje limitada. Al mismo tiempo, el uso doméstico de plástico está creciendo, lo que suma carga al problema.
Algunos sostienen que los residuos plásticos pueden quemarse para generar energía. ¿Esto trae beneficios económicos reales en países como Tanzania?
Incinerar plástico puede traer algunos beneficios económicos de corto plazo, como generación local de energía y reducción del volumen en rellenos sanitarios. Pero en países como Tanzania, las desventajas suelen pesar más que las ganancias.
Quemar plásticos puede liberar sustancias químicas tóxicas, incluidas dioxinas y otros compuestos nocivos, y crear riesgos graves para la salud. La infraestructura necesaria para una incineración segura y controlada es costosa, y muchas instalaciones fracasan sin subsidios. En la práctica, los beneficios a nivel comunitario suelen ser pequeños frente a los costos de la contaminación del aire y los impactos de largo plazo sobre la salud.
Sobre el cambio climático
Hablemos de cuestiones climáticas más allá de los plásticos. Trabajaste en proyectos de restauración forestal, incluida la adaptación climática basada en ecosistemas en Seychelles. Alrededor del Kilimanjaro, los bosques también se están reduciendo. ¿Qué tan grave es esto a nivel local?
Alrededor del Kilimanjaro, la pérdida de bosques impulsada por la agricultura y la recolección de leña es un problema local serio. Reduce el caudal de los ríos y las reservas de agua de las que dependen las comunidades, la agricultura y la energía hidroeléctrica.
Más allá del agua, estos bosques son cruciales desde el punto de vista ecológico. Son puntos críticos de biodiversidad, sumideros de carbono y reguladores naturales de las lluvias y de la estabilidad del suelo. Su deterioro amenaza los medios de vida actuales y debilita la resiliencia ecológica a largo plazo.
En todo el planeta, las temperaturas aumentan, los patrones de lluvia cambian, y las sequías y las inundaciones son cada vez más frecuentes. ¿Qué representa una amenaza mayor para las sabanas y los parques nacionales: el cambio climático o acciones humanas como la caza furtiva y la destrucción del hábitat?
Tanto el cambio climático como las presiones humanas son graves, pero sus impactos difieren.
El cambio climático (aumento de temperaturas, cambios en los patrones de lluvia, más sequías e inundaciones) estresa los ecosistemas al secar abrevaderos y modificar los patrones de vegetación.
Las presiones humanas, incluidas la caza furtiva, la expansión agrícola, el pastoreo y la deforestación, provocan pérdida inmediata de hábitat y disminución de especies. En Tanzania, la presión humana es hoy la amenaza más aguda, pero el cambio climático amplifica esas tensiones y podría convertirse en el principal motor de transformación de los ecosistemas a largo plazo.
Desde comienzos del siglo XX, los glaciares del Kilimanjaro se redujeron entre un 85 y un 90 %. ¿Es una crisis ecológica? ¿Cuáles son sus causas y consecuencias?
La temperatura promedio en la cumbre del Kilimanjaro (Pico Uhuru, 5.895 m s. n. m.) se ubica entre −7 °C y −5 °C a lo largo del año. Por eso, el hielo glaciar no se derrite en el sentido habitual. Lo que reduce la cantidad de hielo es un proceso llamado sublimación, cuando el hielo o la nieve pasan directamente a vapor de agua sin derretirse antes.
En el Kilimanjaro, la sublimación se ha intensificado por el aire más seco asociado al cambio climático; esto acelera la pérdida de glaciares y permafrost.
Sí, es una crisis ecológicamente significativa. Reduce el almacenamiento de agua en altura. Históricamente, el agua vinculada a los glaciares alimentaba ríos, arroyos y acuíferos de los que dependen las comunidades locales para beber, regar y mantener el ganado. Con el retroceso de los glaciares, los caudales estacionales se vuelven más variables y aumenta el estrés hídrico, en especial durante los períodos secos.
También hay impactos en los ecosistemas. El retroceso de los glaciares y el permafrost puede alterar humedales alpinos, desplazar zonas de vegetación y amenazar especies endémicas. Además, puede desestabilizar los suelos, con mayor erosión y sedimentación aguas abajo.
Más allá de los efectos locales, los glaciares del Kilimanjaro son también un símbolo visible del cambio climático en las montañas tropicales, y señalan tanto la inseguridad hídrica regional como tendencias más amplias del calentamiento global.
Especialista en ciencias ambientales, fue docente y ocupó cargos de liderazgo en universidades de Suiza, Tanzania y Seychelles, además de coordinar proyectos de restauración de la vegetación, conservación de la naturaleza y adaptación al cambio climático. Hoy, su investigación se centra en los plásticos y sus impactos ambientales, incluido el consumo y la gestión de residuos.
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