¿Qué se te viene a la cabeza cuando alguien habla de las “tribus africanas modernas”? Imágenes y videos de hombres delgados, de piel oscura, envueltos en mantas rojas a cuadros, saltando alto en el aire. Mujeres con la cabeza rapada, cubiertas de cuentas de colores de pies a cabeza, cantando canciones rituales de versos repetidos. Cabellos teñidos con ocre, chozas bajas, un pastor solitario cuidando sus vacas flacas y jorobadas en medio de la sabana: ¿no son esas las imágenes que aparecen cuando intentás describir a los pueblos originarios de África? ¿Alguna vez pensaste que todas esas imágenes podían pertenecer a una sola tribu, la más conocida del continente: los Maasai? Un pueblo de nómadas y guerreros que se resiste con firmeza a las tentaciones de la civilización y mantiene, hasta hoy, el modo de vida de sus antepasados.
A través de los ojos de un turista recién llegado. ¿Quiénes son los Maasai?
Apenas salís de la terminal de arribos en Tanzania, es posible ver hombres y mujeres jóvenes vestidos con aire festivo, dando la bienvenida a los viajeros. Si visitás ciudades tanzanas más grandes, como Arusha, o las playas de Zanzíbar, quizás te cruces con personas con atuendos tradicionales: mantas rojas y azules a cuadros, brazos y cuellos cubiertos de cuentas. Posan con gusto para la cámara a cambio de una pequeña propina. Conviene mirarlos como mirarías a una Cenicienta en un parque de Disney: son figurantes y actores callejeros que ganan dinero entreteniendo a turistas ociosos. Entre ellos no vas a encontrar a un verdadero guerrero Maasai.
Las tiendas de recuerdos y los mercados locales venden cuentas, accesorios de madera y otros objetos pequeños. Para un turista tampoco es difícil encontrar las mantas y pañuelos de colores característicos, conocidos como shuka. Los vendedores saben qué les gusta a los extranjeros. La cultura Maasai alimenta buena parte del imaginario de África Oriental y, al menos en Tanzania y Kenia, los atributos de esta tribu nómada tienen mucha demanda entre los viajeros. Pero es en las tierras interiores y remotas de Tanzania y Kenia donde viven estos habitantes mundialmente conocidos de un antiguo mundo africano: los Maasai.
¿Qué sabemos sobre los Maasai?
Buena parte de los documentales y programas de viajes sobre África muestran a los Maasai como pastores nómadas que viven en asentamientos temporarios, en plena sabana africana. Según esa imagen, no aceptarían la vida urbana ni la tecnología moderna por nada del mundo. Los vemos con mantas rojas que recuerdan a las antiguas togas romanas, casi la única ropa que parecen admitir. Los imaginamos altos y delgados, con largos bastones en la mano, saltando sin motivo aparente. ¿Qué es eso? ¿Un juego extraño o un rito esencial?
Viven conformes en chozas improvisadas, bajas y cercanas al suelo. Practican la poligamia y… ¿la circuncisión? Sus familias tribales estarían siempre en guerra entre sí y con otras tribus. Beben sangre de toro y demuestran su valentía como verdaderos guerreros matando leones en solitario.
¿Qué parte es cierta y qué parte pertenece a historias inventadas por incontables documentalistas y blogueros de viaje? ¿No estarán esos narradores persiguiendo audiencia y visualizaciones en YouTube, exagerando y tomando el pelo?
Bueno, podríamos apostar a que los Maasai modernos se aferran a las tradiciones de las comunidades tribales, viven de la cría de ganado, no dominan la lectura ni la escritura pero sí las espadas, lanzas y arcos, hacen fuego por fricción y rechazan casi todas las comodidades materiales con las que nosotros, habitantes del siglo XXI, estamos tan acostumbrados a vivir.
Los Maasai y algunos otros pueblos tribales, todavía poco influidos por las comodidades actuales, son una oportunidad viva, aunque en retirada, de conectar con el pasado común de la humanidad.
El pueblo Maasai originario de Tanzania y Kenia
Maasai significa literalmente “quien habla la lengua maa”. Esta lengua antigua es usada hoy por al menos 6 grupos étnicos, que constituyen subtribus del pueblo Maasai. De allí surge una amplia diversidad de subdialectos, que cambian de un asentamiento Maasai a otro. Sin embargo, muchos Maasai hablan inglés y suajili desde que ambas lenguas fueron introducidas como idiomas oficiales de Tanzania. Cuanto más cerca se encuentran los asentamientos de las grandes ciudades tanzanas y de las zonas turísticas, más frecuentes son el inglés y el suajili entre los Maasai.
Los Maasai son una de las cerca de 3.000 tribus del África actual. No forman parte de los llamados pueblos no contactados, que rechazan de plano cualquier relación con el mundo exterior. Aun así, los Maasai modernos viven aislados de sus vecinos, hablan su propia lengua, respetan con fervor sus tradiciones tribales, no tienen pasaportes y se desplazan libremente por los territorios que consideran propios.
Las tribus Maasai están asentadas junto a grandes áreas de parques nacionales de Tanzania, en un territorio conocido actualmente como Maasailand. Maasailand incluye parte del Gran Valle del Rift, en Kenia, y el norte de Tanzania, desde el Serengeti hasta el Kilimanjaro.
Cuántos Maasai hay hoy
A Tanzania y Kenia les resulta difícil llevar un registro de su población Maasai. Las tribus se desplazan de manera continua y, a veces, cruzan fronteras estatales. Mientras el gobierno de Kenia contabilizó alrededor de 1,2 millones de Maasai durante el censo de 2019, los censistas tanzanos tienen más dificultades, ya que la etnia no se incluye en la recolección de datos censales. En pocas palabras, no hay datos oficiales sobre la cantidad de Maasai en Tanzania. Se cree que hoy los Maasai representan cerca de 2 millones de personas dentro de la población del país.
Lo cierto es que esta tribu orgullosa no ve con buenos ojos la intromisión de funcionarios en su vida ni la interrupción de su rutina diaria. Además, ¿cómo obtener un certificado de nacimiento o un documento de identidad sin saber siquiera la edad exacta? La asignación aleatoria de fechas de nacimiento y otros datos personales no es infrecuente cuando se intenta contar efectivamente a los Maasai.
La vida Maasai moderna
A pesar de su antigua imagen feroz y de la observancia de costumbres guerreras, los Maasai de hoy son un pueblo bastante pacífico. Aunque todos los hombres se convierten en algún momento en guerreros (morans) y dejan con orgullo sus tareas diarias, se trata más bien de un gesto hacia la tradición. Los Maasai llevan pesados garrotes y, a veces, incluso espadas cortas, aunque rara vez se usan: no hay nada ni nadie contra quien pelear.
Lo que conviene entender sobre estos habitantes actuales de la sabana es que siguen siendo pastores. Los rebaños de vacas y cabras son su principal preocupación y el único valor reconocido dentro del mundo Maasai.
Todas las fuentes describen a los Maasai como una tribu seminómada. Cuidan sus rebaños y, cada tanto, parten hacia nuevos pastos. Un asentamiento Maasai moderno puede permanecer años en un mismo lugar si hay alimento suficiente para las vacas, o desaparecer apenas alguien muere allí y los ancianos indican que hay que trasladarse a otra parte. Algunas familias simplemente siguen un calendario estacional, dejando descansar sus pasturas y protegiéndolas para volver en la siguiente temporada.
La eco-casa Maasai
Una choza Maasai típica se construye con un armazón de postes largos entrelazados con varillas más finas y flexibles. No tiene puertas: se entra por un pasaje abierto. Las paredes, por dentro y por fuera, se revisten con una mezcla de estiércol y tierra húmeda. Cuando escasea el agua, algo habitual en el clima tropical, se usa orina de vaca para humedecer el material de construcción. El techo también se unta y revoca con la misma mezcla sencilla, y luego se cubre con pasto seco.
Estas chozas protegen de forma confiable contra el calor, la lluvia y el viento. Cuando hace calor, la mezcla de estiércol se seca rápido y se agrieta. Entonces las chozas se renuevan: paredes y techo se refuerzan con nuevas capas de estiércol y tierra. Es un proceso continuo, exige trabajo diario y depende en gran medida de las vacas: en cuanto entregan el material de construcción, los Maasai se ponen manos a la obra para que nada se desperdicie.
Kraal: una aldea Maasai típica
Todas las chozas se alinean en círculo alrededor de un corral central para el ganado. Por la noche, vacas y cabras son llevadas al interior para protegerlas de los depredadores. Alrededor del asentamiento se levanta una empalizada africana típica, una cerca resistente hecha con ramas espinosas de acacia, de al menos 1,5 m de altura. Por lo general, hay un único pasaje ancho para la entrada y salida de personas y ganado. Estos asentamientos Maasai se llaman kraals o bomas.
Las bomas son típicas de todas las tribus de África Oriental. A veces se construye una cerca circular adicional dentro de la boma, y por la noche se encienden fogatas entre ambas cercas. En zonas remotas, es una forma común de proteger la boma de las manadas de leones que se reúnen y rondan las viviendas. Se han reportado algunos casos de familias tribales cuyos pequeños rebaños fueron devastados y exterminados por depredadores salvajes. Esto ocurre sobre todo en la temporada de pastoreo, cuando las llanuras de la sabana están cubiertas de pasto fresco.
Cuando llega el momento de partir hacia nuevos pastos, los Maasai sacuden de las paredes el estiércol seco y la tierra, desmontan los armazones de postes y llevan todo el material a otro sitio, donde en pocos días aparece un nuevo asentamiento.
En el pasado, se usaban pieles de animales en la construcción de las bomas para una mejor protección contra el clima; algunas tribus aún lo hacen. Quienes se establecen más cerca de zonas urbanas descubren el lujo de materiales modernos, como pizarra, chapas, policarbonato y hierro. Hoy, incluso en zonas remotas de África, pueden verse casas de aldea hechas con materiales de uso común en cualquier parte del mundo, parecidas a las casas de campo de tus vecinos.
La rutina Maasai
La única preocupación de la tribu es el ganado. Los Maasai crían vacas, cabras y ovejas; no aves de corral. La agricultura se considera una ocupación indigna para el pueblo orgulloso y libre de los Maasai.
Si sos Maasai, las vacas son el verdadero sentido de la vida. Cuanto más grande es tu rebaño, más alto es tu estatus social. El bienestar de tu familia y de tu aldea depende de cuántas vacas tenés. Pastorear y proteger las vacas es tarea de los hombres adultos. Los varones lo aprenden desde la primera infancia. Ya a los 4 o 5 años, los niños son enviados a pastorear cabras solos, sin adultos cerca. A los mayores se les confían animales más grandes.
El ordeñe es tarea de las mujeres. Además, las mujeres Maasai realizan todo el trabajo doméstico: buscan agua en los manantiales, juntan leña, reparan sin descanso las paredes y los techos resecos de las chozas, cuidan a los niños y hacen todo lo necesario para sostener la vida en la aldea. El trabajo con cuentas también corresponde a las mujeres.
La sociedad Maasai es patriarcal. Los ancianos varones controlan la estricta observancia de las tradiciones en la aldea. Se puede llegar a anciano a una edad bastante temprana: incluso poco después de cumplir 30 años, un hombre puede alcanzar una merecida “jubilación”. Una vez que los morans se convierten en ancianos jóvenes tras un rito especial, sus obligaciones se reducen al mínimo: cuidar su imagen de anciano, su apariencia y sus armas, custodiar nominalmente la aldea, participar en consejos, indicar a mujeres y adolescentes sus tareas y contar las vacas al regreso del pastoreo. Si sos anciano, también tenés derecho a ir al pueblo para relajarte y divertirte en bares locales. Como ves, el contacto con la civilización no está completamente cortado.
No hay datos, sin embargo, sobre prácticas de “jubilación” similares para las mujeres.
La vida tribal
El sistema social comunal supone que varias familias unidas por lazos de sangre viven juntas. El ganado y otros bienes son de uso común; cada miembro del clan debe respetar las reglas aceptadas y participar de las tareas y beneficios compartidos. A su vez, el clan responde por las acciones de cada integrante de la comunidad.
Todos los varones del clan se turnan para llevar cabras y vacas a pastar en las llanuras; buscan aguadas para el ganado y protegen los rebaños de robos y ataques de leones, leopardos y hienas. Las mujeres realizan sus tareas en conjunto. Reparan las casas, ordeñan el ganado al atardecer, cuidan a los niños y buscan agua y leña juntas. En las aldeas más acomodadas se usan burros para transportar cargas. Últimamente, los Maasai más avanzados consiguen vehículos motorizados, aunque siguen siendo raros y poco típicos.
Que los jóvenes roben ganado a otros clanes se considera algo habitual. Una antigua creencia sostiene que solo el pueblo Maasai recibió cabras y vacas, por lo que solo ellos tendrían derecho a cada cabeza de ganado existente sobre la Tierra. Todos los demás delitos, en cambio, se castigan con una multa. Así, si un joven guerrero indisciplinado ataca a un miembro de otro clan o, Dios no lo permita, a un extraño del amplio mundo civilizado, toda la aldea deberá pagar la multa (en vacas, por supuesto). Y malgastar un bien tan valioso es un rotundo no.
La crianza de los jóvenes Maasai
Los niños empiezan a pastorear pequeños rebaños de cabras apenas aprenden a caminar sin ayuda. Cada día los mandan más y más lejos de la aldea. No es raro ver niños de 3 años, armados con una ramita de pastor, lejos de la boma. Si aparece un depredador, el niño debe llamar a los adultos. A los 8 o 10 años, los pequeños pastores llevan grandes rebaños de ovejas y cabras a pastar durante todo el día. Son las tradiciones de pastores de ganado desde el nacimiento.
Las niñas también cumplen tareas y ayudan a sus mayores desde temprana edad. Los Maasai no tienen el hábito de la ociosidad, y la edad tierna no sirve de excusa. Según estándares europeos, los niños son criados con dureza. Por ejemplo, golpear a un niño por mala conducta se considera correcto y práctico. Cuanto más dolor se soporta en la infancia, más fuerte puede volverse un guerrero o trabajador al crecer.
Rituales de paso a la adultez y dolorosa circuncisión
Todos los adolescentes deben atravesar en algún momento el ritual de iniciación a la adultez, como preparación para el matrimonio y la maternidad o paternidad. Se llama emorata. Quienes no pasan por la iniciación son despreciados en sus aldeas natales; no se los considera miembros plenos de la comunidad y no pueden casarse ni tener hijos. Cuando mueren, sus cuerpos no se devuelven a la sabana, sino que se entierran en el suelo en señal de deshonra.
Alrededor de los 12 o 14 años, los varones son circuncidados. Es un procedimiento doloroso y riesgoso, ya que se realiza sin ninguna medida de higiene ni desinfección y, además, a la vista de los demás aldeanos. Los niños no pueden gritar ni mostrar dolor. Un guerrero debe soportar en completo silencio el corte de su carne con un cuchillo. El órgano lesionado puede tardar varios meses en sanar y, durante todo ese tiempo, causar molestias y dolor. Por regla general, sin embargo, la cicatrización es exitosa.
La situación con la mutilación genital femenina es mucho más difícil. A la misma edad que los varones, a los 14 años, o a veces incluso antes, a las niñas se les rasura por completo la cabeza y las cejas. Luego, una mujer de la tribu con suficiente experiencia toma una hoja sucia y corta parte de los genitales de una niña mientras ella grita y se retuerce de dolor.
Dejemos los detalles y mencionemos solo que, de tanto en tanto, este procedimiento severo se realiza con entusiasmo excesivo y los genitales visibles prácticamente desaparecen como resultado. Inflamaciones potencialmente crónicas, sepsis, dolor al orinar y durante las relaciones sexuales durante toda la vida, además del riesgo de infertilidad y muerte fetal, son, por desgracia, consecuencias comunes de la circuncisión femenina o, en términos médicos, de una mutilación genital deliberada.
Programas de concientización
En Tanzania y Kenia, la mutilación genital femenina es ilegal. Pero ¿quién va a obligar a los convencidos Maasai a obedecer la ley de funcionarios que se meten en asuntos propios? Más aún cuando los padres creen estar haciendo algo bueno por sus hijos e hijas. Una mujer no circuncidada no será tomada como esposa, nunca podrá tener descendencia y se la considera impura.
Por eso las mujeres deben afrontar el problema por sí mismas. Se intenta enseñar educación sexual en las escuelas, y la ONU trabaja activamente en la formación de mujeres Maasai. Mujeres de distintas aldeas, dispuestas a hablar sobre sus tradiciones nacionales, son reunidas para recibir charlas sobre nociones básicas de anatomía, medicina y principios de igualdad de derechos. Luego ellas deben transmitirlo a sus compañeros de tribu.
El proceso de concientización entre los Maasai avanza, aunque con lentitud. La circuncisión femenina es cada vez menos frecuente. Algunos observadores señalan además que, en los últimos años, la información sobre el VIH se ha difundido más dentro de esta tribu nómada. Esto es de gran relevancia para los Maasai, que practican la poligamia y el intercambio de esposas con todos los pares, salvo parientes cercanos.
La jerarquía Maasai
Después de rituales tan dolorosos, los adolescentes circuncidados se toman un tiempo para recuperarse mientras sus cuerpos sanan. El proceso lleva 6 meses o más, y los jóvenes permanecen alojados por separado y exentos de trabajo. Desde entonces se los llama morans y son considerados jóvenes guerreros.
Las niñas pronto pueden ser entregadas en matrimonio. Las familias de los novios ofrecen vacas a sus padres como dote. Por regla general, las jóvenes son tomadas como esposas por hombres mayores que ya poseen sus propios rebaños. Si la mujer elegida no se convierte en primera esposa, es obligatorio contar con la aprobación de la esposa mayor. Cuantas más vacas posee un guerrero Maasai, más mujeres puede permitirse. Si la norma extendida es tener hasta 3 esposas, los hombres ricos pueden llegar a tener hasta 10. En algunos casos, el número de esposas puede alcanzar las 30.
En algunos clanes, una mujer también puede tener varios maridos. Además, las tradiciones sexuales Maasai permiten que los hombres ofrezcan su lecho matrimonial a pares de igual estatus. La esposa debe dar su consentimiento. Pero si una mujer da a luz un hijo de esa unión ocasional, se considera que su marido es el padre.
Los guerreros moran están obligados a pastorear vacas durante varios años y, en igualdad de condiciones con los miembros mayores de la comunidad, a sostener y proteger la aldea. Durante este período, los hombres se dejan crecer el pelo, lo trenzan y lo tiñen con ocre. Así es como se los ve con mayor frecuencia en las fotos famosas, mientras realizan la danza de los saltos.
A los 30 o 35 años, los hombres atraviesan otro ritual que eleva su estatus. Los guerreros moran se convierten entonces en ancianos jóvenes; se rapan el cabello y quedan exentos del trabajo obligatorio. Luego pueden iniciar sus propios hogares, casarse y dejar la aldea para formar un nuevo asentamiento. Con más frecuencia, permanecen en su aldea natal y ayudan a los ancianos a administrar la vida doméstica. Esto puede significar ociosidad absoluta, dar órdenes a los guerreros más jóvenes y a las mujeres.
Cuando la aldea necesita un nuevo anciano principal, se lo elige entre los ancianos más jóvenes. El varón de mayor edad del clan hace cumplir estrictamente las costumbres, resuelve disputas y conflictos, decide sobre las migraciones y se ocupa de otros asuntos clave de la comunidad.
A lo largo de su vida, cada hombre Maasai conoce su lugar en la jerarquía social y sigue las reglas. Lo mismo ocurre con mujeres y niños, educados desde pequeños para respetar las tradiciones. Así conserva este pueblo su modo de vida y las reglas particulares que lo distinguen de otras comunidades tribales. La severidad de las leyes Maasai, la obediencia incuestionable a los ancianos y el compromiso con una vida nómada les permiten vivir a su manera, mientras otros pueblos han recibido una influencia mucho mayor de la civilización.
Tradiciones y rituales Maasai
Además de los ritos de iniciación y de los grandes rituales que elevan el estatus de los guerreros, las tribus Maasai de África tienen otras costumbres. Una de las primeras que enfrentan los niños es la extracción de los dientes frontales inferiores. Se considera un adorno bello y natural para las niñas. A los varones los espera una prueba distinta: la ceremonia de las marcas de fuego. Deben poner a prueba su fuerza de voluntad caminando con pies y manos sobre brasas al rojo vivo.
También existe la tradición de tatuar a los niños; durante la ceremonia, deben soportar el dolor. Cuando niños y niñas alcanzan los 7 años, se les perforan las orejas. Es un procedimiento muy doloroso porque daña no solo el tejido blando, sino también el cartílago. Luego se hace un orificio en el lóbulo, que se agranda poco a poco. Para lograrlo, se insertan adornos de madera y cuentas, estirando el agujero cada vez más.
También hay ceremonias festivas especiales para conmemorar la incorporación a las filas de los guerreros: una ceremonia de la leche y otra de la carne. Pero están vinculadas con la tradición de que los guerreros moran vivan en campamentos separados, una costumbre que hoy está quedando obsoleta. Por razones naturales, la práctica de marcharse durante varios años a vivir en campamentos aparte perdió vigencia y no todos los clanes la observan.
La tradición más controvertida, la obligación de matar un león para convertirse en un verdadero moran, se analiza por separado más abajo, al igual que los rituales en los que los Maasai beben la sangre de sus vacas.
La famosa danza de los saltos
El rito Maasai más conocido consiste en jóvenes que saltan mientras ejecutan una danza tradicional. La danza se llama adumu. La realizan los futuros guerreros jóvenes mientras se preparan para atravesar el rito de iniciación.
Se ponen prendas que no limitan sus movimientos, forman un círculo y saltan tan alto como pueden. Pocos logran despegar tanto los pies del suelo. Al caer, los Maasai aterrizan en puntas de pie, sin tocar el suelo con los talones.
De a uno y de a dos, en sucesión rítmica, jóvenes altos envueltos en mantas rojas muestran sus mejores habilidades. El guerrero mejor entrenado es quien salta más alto que los demás. Es probable que esta destreza haya sido crucial en tiempos de naturaleza desbordante: en las vastas llanuras había pocos árboles a los que trepar, de modo que saltar en el lugar permitía obtener información sobre lo que ocurría alrededor, si se acercaban depredadores al rebaño o si guerreros de tribus hostiles preparaban una emboscada.
La danza ritual suele prolongarse durante todo el día. Hoy se convirtió en un sello distintivo no solo de la tribu Maasai, sino de toda África. No sorprende que la danza de los saltos sea una actuación obligada frente a los turistas, especialmente cuando se encienden las cámaras. Todos se benefician de su popularidad y, por eso, el adumu puede verse a menudo interpretado por otros pueblos africanos.
Vestimenta Maasai: coloridas capas shuka
Casi todas las fotos muestran a hombres y mujeres Maasai con capas de un rojo intenso o, a veces, azules o lilas. Junto con la danza de los saltos, la vestimenta se convirtió en un rasgo distintivo de estos nómadas. Pero no siempre fue así.
Tradicionalmente, los Maasai usaban pieles de animales como capas. Era costumbre que los hombres utilizaran pieles de ternero y las mujeres, pieles de oveja. La segunda mitad del siglo XX, época de la creación de la República Unida de Tanzania, trajo una moda completamente inesperada por estas capas de algodón lisas y a cuadros. Se llaman shuka y se usan de manera similar a la antigua toga romana.
Hoy resulta imposible imaginar a los Maasai sin sus envolturas de colores. Una persona puede llevar hasta 3 shukas al mismo tiempo. Las primeras 2 capas suelen envolverse alrededor del cuerpo, y la tercera se echa sobre los hombros como una especie de manto. Cerca de la costa tanzana, se suman pañuelos kikoi a la vestimenta; son menos brillantes y suelen tener un diseño ajedrezado. Es una prenda tradicional de los pescadores tanzanos que los Maasai locales adoptaron con gusto.
Naturalmente, los habitantes de aldeas remotas y pobres no pueden permitirse shukas atractivas, de modo que los más coquetos todavía deben arreglarse con pieles de animales.
Otro rasgo notable de la vestimenta Maasai es el calzado. Si prestás atención a las fotografías, vas a notar que hoy muchos miembros de la tribu usan sandalias hechas por ellos mismos con neumáticos viejos de automóvil. Una solución práctica y cómoda, sin duda.
Adornos de cuentas
Pulseras, collares y adornos para la cabeza y las orejas hechos con cuentas multicolores son atributos obligados de cualquier Maasai que se respete. Los viajeros con experiencia señalan que los Maasai siempre se ven prolijos y bien cuidados. Nunca los encontrás con el pelo desordenado, la cara sucia o sin adornos. Mujeres y hombres procuran verse prolijos y vistosos.
Tanto hombres como mujeres suelen decorar sus orejas y cabezas. Llevan pulseras en muñecas y tobillos. En el cuello de las mujeres se ensartan discos de cuentas, a menudo tan superpuestos que no se ve el cuerpo debajo. Estos discos pueden caer suavemente como pecheras o mantenerse firmes, rodeando la cabeza de una mujer desde abajo.
El trabajo con cuentas es apreciado por muchos pueblos de África, pero las hábiles artesanas Maasai parecen haber superado a todos en su deseo de destacarse y volverse las más visibles del continente. En su tiempo libre, las mujeres Maasai elaboran adornos y recuerdos de cuentas para vender. A menudo los ofrecen directamente sobre el suelo, junto a los caminos cercanos a las aldeas.
Armas Maasai
Los atributos permanentes de los guerreros de la tribu son un poste largo, una espada corta en su vaina y un garrote con un engrosamiento en un extremo, que puede servir como arma de mano o arrojadiza.
El poste se usa como bastón para apoyarse al caminar y durante las tareas de pastoreo. Los Maasai son capaces de recorrer grandes distancias a pie. Por ejemplo, muchos caminan con frecuencia desde su asentamiento hasta el pueblo por la ruta, ya que no tienen posibilidad de viajar en vehículos. También suelen permanecer de pie durante largos períodos en medio de la sabana, mientras sus vacas pastan alrededor. El bastón en el que se apoyan los ayuda a mantenerse erguidos. Si se observa con atención, se nota que los Maasai tienen una postura impecable. Nunca se encorvan ni se tiran al suelo. El orgullo natural de los guerreros no se los permite.
Hoy el poste reemplaza a la lanza para muchos guerreros, aunque las lanzas tampoco son raras entre los Maasai modernos. Facilitan el movimiento por la llanura, porque en cualquier momento puede aparecer entre los pastos un facóquero, una hiena o un depredador de mayor tamaño. Las lanzas son finas y flexibles, con puntas de hierro de distintas formas. Los Maasai practican constantemente el lanzamiento de lanzas. Los mejores lanzadores pueden enviar una lanza hasta 100 m de distancia.
El garrote está hecho de madera y tiene forma de fémur. Puede usarse en combate cuerpo a cuerpo. En otros casos, funciona como símbolo de estatus. Los hombres lo llevan bajo el brazo.
Una espada corta cuelga siempre de una vaina en la cadera. Este atributo es indispensable para los Maasai y lo llevan en todo momento. En Tanzania, las normas aeronáuticas incluso permiten llevar la espada a bordo en vuelos domésticos hacia las islas de Zanzíbar. La espada (o cuchillo largo) puede no tener una empuñadura engrosada, pero los Maasai la manejan con destreza. Sorprendentemente, incluso al correr rápido o realizar otras actividades, permanece en la cadera y nunca estorba al guerrero.
Los arcos de madera con flechas no son tan raros. En la mayoría de los casos no hace falta usarlos, pero en asentamientos remotos siguen teniendo utilidad práctica. Las flechas pueden ahuyentar pequeños depredadores. También se usan para cazar aves o antílopes. A pesar de las estrictas prohibiciones de caza en Tanzania, los miembros de la tribu Maasai tienen permitido cazar algunas especies de animales de pezuña hendida.
La posesión y portación de armas de fuego están estrictamente prohibidas. Es otra restricción de las leyes oficiales impuestas a los Maasai, que, sin embargo, contribuye a preservar las tradiciones de tenencia de armas blancas características de la sociedad tribal.
Que los Maasai sean guerreros de nacimiento no es solo una referencia histórica, sino una habilidad con aplicación práctica. Los hombres Maasai que dejan sus aldeas y aceptan trabajo asalariado suelen ser contratados como guardias, por ejemplo en parques nacionales, hoteles remotos y otras zonas turísticas, o incluso como guardaespaldas privados. La imagen del guerrero Maasai entrenado rinde plenamente sus frutos.
La alimentación Maasai
La leche y la carne son la base de la dieta Maasai. La carne de cabra y de res son las opciones principales, porque sacrificar vacas para comer se considera casi un delito.
Probablemente escuchaste que los Maasai no tienen reparos con la sangre de vacas y toros. Más abajo te contamos si eso es realmente cierto.
Las frutas y verduras casi nunca forman parte del menú habitual de los guerreros nómadas. Las excepciones son las mujeres y los niños, además de los jóvenes durante los períodos en que deben vivir y comer fuera de la aldea.
En tiempos recientes, estos orgullosos africanos también probaron alimentos ajenos a sus tradiciones. En primer lugar, harina de maíz, que compran y agregan a la leche para preparar gachas. Arroz, papas, repollo y otros productos agrícolas también ingresan en la dieta Maasai. Esto lleva a algunos clanes a comenzar a cultivar pequeñas huertas. En general, la cultura de la tribu Maasai condena la agricultura, considerada un delito contra la naturaleza.
Otros alimentos más familiares que complementan este menú escaso y poco sabroso son la miel, la grasa de oveja y distintas cortezas y raíces de árboles que pueden masticarse durante largo tiempo. La miel se usa para elaborar hidromiel.
Hay otra tradición Maasai que parece extraña: las mujeres no pueden cocinar comida para los hombres, no pueden estar presentes mientras se cocina y ni siquiera pueden mirarla. Si eso ocurre, la comida profanada se tira. Pero este enfoque no parece aplicarse a toda la tribu ni a la vida cotidiana. Lo más probable es que la costumbre sea relevante solo en los períodos en que los guerreros moran se alejan de la aldea para vivir separados y van a lugares especiales bajo las ramas de los árboles para cocinar carne, sitios a los que las mujeres tienen estrictamente prohibido entrar.
El rigor de las tradiciones Maasai
La fidelidad a los preceptos de los antepasados y la adhesión firme a las leyes tribales han asegurado la vitalidad de la cultura Maasai tal como la conocemos. Si les preguntás a los miembros de clanes nómadas por qué siguen viviendo así y renuncian a tecnologías y prácticas más cómodas, repetirán con terquedad que así se hace, que deben hacerlo. Los Maasai dicen que, si abandonaran su modo de vida para crear uno nuevo, eso llevaría miles de años.
De esta orgullosa obstinación nace el sentido de dignidad que lleva a los Maasai a resistir la imposición de tradiciones y leyes ajenas. Rechazan los intentos de las autoridades tanzanas de enseñarles a escribir, de entregarles documentos de identidad a todos, de someterlos a sus creencias. Los Maasai prestan poca atención a los llamados a dejar de deambular y adoptar una vida sedentaria, y siempre están listos para empacar y partir en busca de nuevos pastos para los animales confiados a ellos por el antiguo dios.
A pesar de la dureza de las maneras y la crueldad de algunas costumbres, uno empieza a respetar, casi sin proponérselo, el deseo de este pueblo orgulloso de vivir según los preceptos de sus antepasados. Al fin y al cabo, absolutamente todos los pueblos de la Tierra pasaron por esa etapa. Es difícil condenar a quienes, por algún milagro, permanecieron en ese camino. Parece más justo observar, simplemente, ese pasado vivo que se despliega de manera incomprensible aquí y ahora, frente a nuestros ojos.
Lecturas y películas recomendadas sobre los Maasai
Existe una película de ficción de una belleza asombrosa llamada Maasai, los guerreros de la lluvia. Fue filmada en África, en los territorios nativos de la tribu. Todos los papeles fueron interpretados por actores no profesionales, jóvenes Maasai. El director es Pascal Plisson, documentalista francés que vivió varios años en Tanzania y Kenia y realizó numerosos films para televisión sobre la naturaleza y los animales de África.
Tras conocer y entablar amistad con muchas personas de la tribu Maasai, Pascal comprendió en algún momento que admiraba profundamente a este pueblo. Escribió un guion original y convenció a profesionales de París para que viajaran a filmar a los Maasai interpretándose a sí mismos. Ninguno de los actores debutantes sabía leer, por lo que memorizaron el texto de oído. Fue el primer largometraje del mundo realizado en lengua maa.
Solo un documentalista podía captar con tanta destreza la belleza de la naturaleza y la de la gente local escondida en los detalles. Si querés observar en detalle los atuendos reales, los adornos, los peinados y las expresiones faciales vivas y naturales de los Maasai, no dejes de ver esta película.
La trama narra una leyenda tribal ficticia en la que jóvenes guerreros deben emprender una búsqueda para encontrar y matar a un león feroz, aplacar así al Dios Rojo y devolver la lluvia tan esperada a las tierras Maasai después de una sequía prolongada. La banda sonora de estilo étnico fue compuesta por el reconocido compositor francés de cine Ivan Cassar.
Otro ejemplo, La masái blanca, es la autobiografía de Corinne Hofmann, una mujer suiza que viajó a África con su prometido en 1986 y nunca regresó. Allí conoció a un guerrero Maasai, se enamoró de él y decidió quedarse para casarse, vivir en una aldea Maasai y, con el tiempo, tener allí una hija.
La historia probablemente atraiga más a lectores, en especial lectoras, de literatura psicológica sobre relaciones. La autobiografía se convirtió en un bestseller, lo que llevó a la autora a continuar escribiendo memorias sobre su difícil relación con África y la cultura Maasai. Por cierto, el libro sirvió luego de base para una película del mismo nombre.
Preguntas frecuentes sobre los Maasai: ¿verdadero o falso?
Internet está lleno de información sin fundamento sobre los Maasai y algunas de sus costumbres, que siempre despiertan gran interés. Nos propusimos explicar las preguntas más frecuentes. Entonces, ¿qué es un malentendido y qué es verdad absoluta?
Existe la idea común de que los masáis no permiten que les saquen fotos. Al menos, no gratis. Supuestamente, antes creían que una foto podía llevarse una parte de su alma y, luego, se habituaron a una forma sencilla de obtener dinero de los turistas.
En realidad, todo depende de las circunstancias, de la capacidad de los visitantes para negociar y del respeto hacia la gente local y sus costumbres. Con bastante frecuencia, los masáis disfrutan de encontrarse con un viajero amable y aceptan hacer un gesto cordial, simplemente para conversar y posar para una foto impactante.
Existe la creencia extendida de que los masáis tenían la costumbre de matar leones para demostrar su fuerza y convertirse en verdaderos guerreros.
Los masáis son guerreros valientes y, en el pasado, existían 2 tipos de caza de leones: individual y grupal. En el primer caso, la caza solía producirse por necesidad, cuando aparecía un león mientras el ganado pastaba. La caza grupal formaba parte de un rito competitivo de iniciación al rango de guerrero.
Los masáis siempre actuaban con códigos de honor frente a los animales. Solo enfrentaban al león en la llanura abierta, para estar en igualdad de condiciones. En cuanto a las armas, el guerrero usaba únicamente una lanza y, a veces, llevaba un escudo. La ley masái prohibía perseguir a un león debilitado por la sequía, envenenado o atrapado en una red.
Cuando la población de leones empezó a disminuir, los masáis dejaron de cazarlos y pasaron de cazadores a defensores. Hoy, además de los códigos de honor, la caza de leones está prohibida por la ley tanzana. La única excepción puede ser matar a un león en defensa propia, cuando el depredador ataca al ganado en pastoreo o a una aldea masái.
Es muy raro que los leones ataquen los rebaños masáis; cuando ocurre, puede poner en riesgo a las personas cercanas, sobre todo si hay chicos pequeños. Cada incidente de este tipo se hace público y aparece en los medios locales. Conviene tomar estas noticias del mismo modo en que se reciben los casos aislados e impactantes de perros callejeros que atacan a chicos en zonas remotas y poco pobladas de Rusia.
La sangre de vaca formaba parte, tradicionalmente, de la dieta habitual de los masáis, junto con la leche cruda y la carne. Era una fuente natural de proteínas nutritivas y sal para personas que vivían en condiciones duras, con un consumo limitado de alimentos.
Hoy, los masáis toman sangre de ganado durante rituales en ocasiones especiales. La sangre de un buey o una vaca, o sangre mezclada con leche, se da a una persona enferma, a una mujer que acaba de dar a luz o a un adolescente recién circuncidado. También ayuda a los hombres mayores a sobreponerse a los efectos de la intoxicación después de beber alcohol.
La sangre se mezcla con leche para hacerla más nutritiva. Esta bebida se consume tanto fresca como fermentada. También se le puede agregar harina de maíz.
Se cree que la altura promedio de una persona masái es de 190,5 cm, lo que convierte a este grupo étnico en uno de los más altos, junto con el pueblo tutsi.
No se conoce el número exacto de personas masáis por las particularidades de la información recopilada y publicada por la Oficina Nacional de Estadísticas de Tanzania. El estilo de vida nómade de los masáis, que se desplazan por territorios de 2 países, Kenia y Tanzania, suma otra dificultad para el censo.
Hoy se estima que la población masái ronda los 2.000.000 de personas. Esta cifra supera las de años anteriores en los que se realizó el censo, al menos según las autoridades kenianas. Por lo tanto, el número total de masáis está creciendo. Cuando se habla de la extinción de los masáis, se hace referencia a la desaparición de la cultura única de este pueblo bajo el avance de los cambios de la civilización.
La cultura Maasai en peligro
Algunas tradiciones Maasai ya pertenecen al pasado. Por ejemplo, como la necesidad de luchar contra tribus vecinas dejó de ser crucial, se redujo el período de servicio de los hombres de la tribu como guerreros. Casi no quedan campamentos para morans y no hay competencias entre ellos. Existe una prohibición de robar ganado y de cazar leones y otros depredadores cuyas poblaciones disminuyeron.
Al reducirse el área de pasturas aprobadas por el gobierno y aplicarse la consiguiente reducción del número de animales, algunos clanes se vieron obligados a pasar de forma gradual a una vida más sedentaria, dedicarse al cultivo de productos agrícolas y buscar empleo en pueblos y ciudades.
Entre los cambios positivos, la circuncisión femenina es cada vez menos frecuente, y las mujeres Maasai reciben educación; con ella llega la posibilidad de influir mucho más en sus condiciones de vida.
La civilización penetra cada vez más en Maasailand y provoca cambios significativos en los patrones económicos, la vida cotidiana, las tradiciones e incluso la dieta de los Maasai. Quienes conocen bien la cultura de este pueblo y los procesos rápidos en marcha sugieren que la comunidad Maasai podría existir en su forma actual, o en una similar, quizá durante un par de generaciones más; después, las bases de las costumbres tradicionales sufrirán una erosión importante. Más prácticas pasarán a formar parte del pasado.
Hoy tenemos la oportunidad de observar la vida de una sociedad tribal en su manifestación natural. Ningún texto, fotografía o video puede reemplazar el contacto directo con las personas que portan tradiciones que alguna vez fueron norma para muchos pueblos del planeta. Resulta todavía más sorprendente que las tribus actuales habiten los mismos lugares donde comenzó la historia de la humanidad moderna hace cientos de miles de años.
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